El conocido chef es una suerte de barrabrava de la alimentación sana. Todos los desechos orgánicos de su restorán se los da a las gallinas y gansos que tiene en su casa. Con el estiércol de las aves hace el compost: abono que hace magia en sus plantas. El objetivo de su pasión son los niños, y los primeros, sus hijos.

En un momento Carlo Von Muhlenbrock dice: “Me tocaste la fibra sensible”. La entrevista versaba sobre el autocultivo cuando salió el sustantivo “niño”. El reconocido chef es una suerte de barrabrava de la alimentación sana, y cree que el vehículo para llegar a los niños es aproximándolos a los alimentos, a sus colores, formar y aromas. Que jueguen con los alimentos. Uno de sus razonamientos es que se los ha alejado tanto de la cocina y sus alquimias que se inclinaron por la comida vulgar, chatarra. “Y se ha demostrado que los pueblos que sazonan con hierbas aromáticas y culinarias consumen menos sal”, advierte. Por eso proclama el retorno de la cazuela y sus olores, entre otras preparaciones, esgrimiendo que antes en Chile se comían hasta tres comidas al almuerzo, incluida la cazuela, y no existía la epidemia de obesidad de hoy.